lunes, 13 de noviembre de 2017

"En un circulo de un metro de ancho
Te sientas, y oras, y cantas.
En un refugio de diez metros de ancho
Duermes bien, y la lluvia te arrulla una canción de cuna.
En un terreno de cien metros de ancho
Siembras arroz y crías cabras.
En un valle de mil metros de ancho
Recoges leña, agua, y granos silvestres.
En un bosque de diez kilómetros de ancho
Juegas entre zorros, halcones, víboras y mariposas.
En un país montañoso
De cien kilómetros de ancho
Se cuenta que alguien vive con serenidad.
En un círculo de mil kilómetros
Visitas arrecifes de coral en verano
O hielos que flotan en los mares invernales.
En un círculo de diez mil kilómetros
Deambulas por cualquier rincón de la Tierra.
En un círculo de cien mil kilómetros
Nadas en un mar de estrellas fugaces.
En un círculo de un millón de kilómetros
Entre flores esparcidas de mostaza amarilla
Ves la Luna al oriente y el Sol al poniente.
En un círculo de diez mil millones de kilómetros
Saltas fuera del mándala del sistema solar.
En un círculo de diez mil años luz
La galaxia florece resplandeciente en primavera.
En un círculo de mil millones de años luz
Andrómeda se disuelve, pequeña flor de guinda que pierde sus pétalos.
Y ahora, dentro de un círculo de diez mil millones de años luz,
Se desmorona toda noción de tiempo y espacio
Y de nuevo te sientas, y oras, y cantas
Te sientas, y oras, y cantas."

NANAO SAKAKI

EL SILENCIO DE LAS ESTRELLAS (fragmento)




"Cuando Laurens van der Post una noche
en el desierto de Kalahari dijo a los bosquimanos
que no podía oír las estrellas 
cantar, ellos no le creyeron. Lo miraron,
sonriendo a medias. Examinaron su cara
para ver si estaba bromeando
o engañándolos. Luego, dos de esos pequeños hombres
que plantan nada, que tienen casi
nada para cazar, que viven prácticamente
en el medio de la nada, y con nadie más
que sí mismos, lo alejaron
del crepitar del fuego de los matorrales espinosos
y se quedaron con él en el cielo nocturno
y escucharon. Uno de ellos murmuró:
¿No las oyes ahora?
Y van der Post escuchó, sin querer
descreer, pero tuvo que responder:
No. Lo llevaron caminando lentamente,
al igual que a un hombre enfermo, al pequeño y tenue
círculo de fuego luminoso y le dijeron
que lo lamentaban mucho,
y el se sintió aún más apenado
de sí mismo y culpó a sus antepasados
por su extraña pérdida de la audición.
La cual ahora también era su pérdida."
DAVID WAGONER